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Mi parto sin analgesia (parte 1)

Aquí hablo de MI decisión y de MI experienciapregnant-422982_640

Creo que las mujeres estamos plenamente capacitadas, tanto física como emocionalmente, para afrontar un parto. En nuestra cultura sentir dolor se percibe siempre como algo negativo. Por supuesto, el dolor causado por una enfermedad, una herida o una lesión es algo malo, nos hace sufrir y buscamos alivio inmediatamente. Afortunadamente la medicina ha avanzado lo suficiente para que muchas dolencias e intervenciones sean muy llevaderas, incluso indoloras pero, ¿por desde cuando el parto es un proceso negativo que debamos anestesiar?

Siempre tuve muy claro que quería un parto normal y sin analgesia. El conocer los contras de la analgesia epidural sólo me reafirmó en mi decisión. Personalmente, creo que el único pro de usarla es que quita el dolor (o parte de él) y para muchas mujeres esto ya es más que suficiente. Para mí, no. No voy a emitir juicios respecto a qué es mejor, si tener un parto con o sin epidural ya que la información al respecto acerca de las contraindicaciones y posibles efectos adversos se puede encontrar fácilmente en páginas muy completas y artículos desarrollados por especialistas.

speech-bubble-1604446_640Cuando, estando embarazada, surgía una conversación sobre cómo iba a parir y decía que no quería ponerme la epidural me encontraba con dos reacciones. Una, la incredulidad y el eso lo dices ahora y otra, el asombro y el qué valiente eres. A la primera aprendí a responder con una sonrisa y poco más porque por dentro pensaba bueno, lo digo ahora y te lo diré. A la segunda, mi respuesta era clara: no soy valiente por hacer algo que cualquier mujer puede conseguir, simplemente es mi elección. Eso sí, he de reconocer que me siento muy orgullosa y feliz de cómo viví mi parto de principio a fin.

En una ocasión me argumentaron lo siguiente varias mujeres, ya madres, como si tuvieran que justificarse ante mí: ¿a que no te sacas una muela sin anestesia? No, claro que no me saco una muela a lo vivo, ni me operarían de apendicitis, ni me practicarían una cesárea sin anestesia. Para mí el dolor de parir estaría provocado por el nacimiento de mi hijo, no era algo que me tuvieran que quitar, algo malo, todo lo contrario, es maravilloso, y deseaba experimentarlo y sufrirlo, porque, sí, parir duele, es duro, pero es la experiencia más intensa y especial que he vivido.

Insisto en que en ningún momento juzgo a quien da a luz con la analgesia epidural. Es una elección totalmente personal y respetable, al igual que lo es parir en casa, en el agua o en mitad del campo si es lo que se desea.

Tuve a mi bebé en el Hospital Universitario Infanta Sofía, en San Sebastián de los Reyes (Madrid). Aunque mi hospital de referencia era La Paz, gracias a la libre elección que permite, al menos en la Comunidad de Madrid, optar por otros hospitales y especialistas dentro de la provincia, elegimos este centro porque me resultaba muy cómodo ir desde el trabajo para las revisiones y pruebas. Además, tenía algo para mí bastante importante, todas las habitaciones son individuales, lo que garantiza una mayor intimidad y espacio para los papás y el bebé. Había leído opiniones y experiencias en este centro y, como siempre, encontré de todo, buenas, regulares y malas pero pensé que al ser una maternidad pequeña sería más fácil que respetaran mi plan de parto.

document-428331_640Os recomiendo que preguntéis con antelación en el hospital o clínica donde queráis tener a vuestro bebé cuál es el protocolo que siguen ya que en algunos centros hay opciones que no se contemplan, por muy escrito que lo lleves. Por ejemplo, en gran parte de los hospitales no se permite la presencia del acompañante en caso de cesárea. En el Infanta Sofía la vía te la ponen sí o sí y tras la expulsión de la placenta se administra oxitocina sintética para favorecer la contracción del útero. Estas dos “condiciones” las acepté porque, aunque hubiera preferido ahorrarme la vía, que me resultó dolorosa e incómoda, y que me pusieran fármacos no era lo que yo quería, seguía siendo el hospital que más nos convenía.

Preparé mi Plan de Parto con bastante antelación aunque me dijeron que no era necesario que lo presentara antes, con llevarlo cuando ingresara era suficiente (consultar esto también, por si en el hospital recogen el documento antes del “día P”). Podéis descargar el modelo del Ministerio de Sanidad, que es el que yo llevé, AQUÍ .

Lo cierto es que estaba muy tranquila, incluso deseosa de vivir el parto, quería que fuera rápido, claro está, a nadie le gusta pasar dos días con dolores, pero no me agobiaba el momento. Me preocupaba que todo fuera bien con el bebé y ya tenía ganas de ver su carita. El último mes, especialmente debido al calor, lo llevé regular, sobre todo por las noches. Aún así, tuve un embarazo muy bueno, con apenas molestias (por suerte, no se lo que es una náusea).

Los pródromos de parto se prolongaron unas tres semanas. Inicialmente eran contracciones esporádicas en las que la barriga se ponía muy dura durante unos segundos, las contracciones Braxton Hicks, y progresivamente se hicieron más molestas y frecuentes. Como se había colocado cabeza abajo alrededor de la semana 25, ya a esas alturas notaba mucha presión en la pelvis. En la última ecografía, en la semana 34, el obstetra me dijo que probablemente no llegara a la semana 40 al estar el bebé situado muy abajo. Efectivamente, Bebé Lanuguito nació en la semana 39.

Era miércoles por la noche, me sentía bastante agobiada porque las molestias iban y venían, el calor era asfixiante y mis hormonas me jugaban malas pasadas en el ánimo. Papá Lanuguito me convenció para que saliéramos a cenar algo cerca de casa y así desconectar. Esa fue la última vez que cenamos los dos solos.

dad-1716160_640Al pensar en el proceso de parto siempre me imaginaba en casa llevando las contracciones durante el mayor tiempo posible, no me veía corriendo hacia el hospital al primer dolor. Sin embargo a las 02:30h de la madrugada, cuando estaba durmiendo tranquilamente, rompí la bolsa. Cuando ves la típica escena de las películas en la que una embarazada rompe aguas y se lía una buena piensas que es exagerado. Bueno, pues no, romper la bolsa es como en las películas :) Recuerdo que me desperté sobresaltada y noté un líquido caliente bajando por mis piernas. Desperté a mi marido repitiendo He roto aguas, he roto aguas y, mientras él se incorporaba con los ojos medio cerrados y exclamaba Qué diceeees, salí disparada hacia el baño, mientras caían las cataratas del Niágara. Comprobé que el líquido era claro y limpio, me di una ducha rápida, avisamos a mi padre, que nos iba a acercar al hospital, e hicimos un repaso de todo lo que teníamos que llevar.

Mientras esperábamos, me asomé a la terraza. Todo estaba en silencio. Pensé que cuando volviéramos a casa ya seríamos tres, que la próxima vez que mirara a la calle desde ahí mi hijo estaría conmigo. En esos momentos no sentía ningún dolor. Respiré profundamente, para mantenerme tranquila, me acaricié la barriga y susurré a mi bebé que pronto íbamos a conocernos.

En la parte 2 de esta entrada puedes leer el ingreso en el hospital, el proceso de parto y el nacimiento de Bebé Lanuguito 😉

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10 comentarios sobre “Mi parto sin analgesia (parte 1)

  1. Pingback: Un año juntos
  2. Me ha hecho mucha gracia tu descripción de cómo rompiste aguas, ji ji ji. Yo no rompí aguas, así que no tenía ni idea de cómo era, pero la poca gente que me había comentado me había dicho que no era como las películas, que casi no se habían enterado, así que supongo que debe de depender mucho de la mujer 😉 Yo tampoco quise epidural ni nada, a ver si me pongo un día por fin con la segunda parte (yo también conté mi parto en una entrada pero me quedé en el momento en que íbamos a salir de casa y se me olvidó escribir la segunda parte, jajaja, soy lo peor).

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  3. Pues yo aguante hasta los 7 centímetros y ya me temblaba todo…jeje me pusieron la epidural y estaban esperando a q yo la pidiese xq mi hija venía con vuelta de cordón y veíamos q estaba sufriendo y no iba a poder acabar ni en parto sin epidural ni en parto natural… Cesárea. Pero bueno acabo todo bien. Y ambas sanas y felices! Es lo que cuenta!

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