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Mi parto sin analgesia (parte 2)

…Continuación parte 1

hospital-908437_640Durante el camino al hospital fui charlando con mi padre y mi marido. Me sentía tranquila aunque expectante. Cuando bajé del coche cayó otro pequeño torrente y me sorprendí de la cantidad de líquido en la que mi bebé había estado flotando y practicando natación durante todos esos meses. Las Urgencias estaban vacías, me hicieron pasar a una consulta donde me tomaron la tensión, preguntaron en qué semana de embarazo estaba y a qué hora había roto la bolsa. Me pusieron la pulserita del hospital y un celador vino a buscarme con una silla de ruedas para subir a Maternidad. En la entrada a Monitores tuve que separarme de mi marido ya que, por el momento, sólo me iban a explorar. La matrona que me atendió palpó la cabecita de mi bebé y confirmó lo que ya sospechaba, que aún no estaba de parto ya que no tenía contracciones pero tenía que quedarme ingresada.

Entregué mi Plan de Parto, me dieron un camisón sexy, zapatillas desechables y pasé a la habitación de dilatación. Pedí que avisaran a mi marido. Antes de que él llegara me pusieron la vía… no se si siempre molesta tanto porque, por suerte, nunca antes me habían ingresado, pero fue algo realmente incómodo. Me dijeron que si a las doce de la mañana no me había puesto de parto tendrían que inducirlo. Sólo cabía esperar.

Sobre las 5 de la mañana empecé a sentir contracciones de forma regular. Cronometramos. Se sucedían cada 10 minutos. Esperamos. Eran llevaderas, incluso pude dormitar un rato. Fueron ganando en intensidad y frecuencia, cada 7 minutos. Esperamos. Ya no pude dormir. Comenzaron a ser molestas, cada 5 minutos. Avisamos. Me pusieron las “correas” para monitorizar las contracciones. Que me digan qué mente brillante diseñó ese artilugio. No hay nada más incómodo que pasar las contracciones tumbada, además de no favorecer en nada del descenso del bebé. Cuando empezaban tenía que ponerme de lado y agarrarme a la cama. Al rato me retiraron las cintas y me exploraron, apenas había dilatado 2cm, estaba, según la matrona, “muy verde”.

A las 8:30h me trajeron el desayuno. A esas alturas las contracciones ya dolían y se repetían cada 3-4 minutos. Le daba un bocado a la tostada y pasaba una contracción. La postura que me resultaba más cómoda era de pie, apoyando la parte superior del cuerpo sobre la cama. Pedí a mi marido que me presionara la zona lumbar durante el pico de la contracción porque notaba mucha molestia en esa zona. Hasta ese momento había llevado respiraciones rápidas, como nos habían explicado en el curso de preparación al parto, pero una auxiliar que me pilló hiperventilando me aconsejó hacerlo de un modo más relajado. Inspirar en dos tiempos y espirar lentamente en tres, lo que me permitía un mayor control del dolor y nos oxigenaba tanto al bebé como a mí. Creo que en la respiración lo ideal es probar diferentes ritmos y adaptarlos al momento. No hay técnicas infalibles pero realmente llevando un buen control de la respiración el proceso de dilatación se hace mucho más llevadero.

doppler-ultrasound-381363_640Volvieron a monitorizarme sobre las 9:30h Las contracciones eran regulares e intensas. Una auxiliar me dijo que había visto en mi plan de parto que no quería epidural, me preguntó si estaba segura y respondí con una sonrisa que por el momento estaba bien. Sonrió con un poco de suficiencia y dijo ah, bueno, por el momento, porque esto sólo acaba de empezar. Me sentí un tanto infravalorada, como si aquella persona pensara que no iba a ser capaz, que ya iba a ver y cuando la cosa doliera de verdad suplicaría para que me pusieran la analgesia. En ningún momento me había planteado cambiar mi decisión pero ese comentario fue el último empujón que necesitaba para enfrentarme al parto.

No recuerdo a qué hora sentí que el proceso se estaba acelerando porque el dolor cobró una mayor dimensión, era muy intenso y totalmente diferente a otro que hubiera sentido. La presión en la pelvis se intensificó. Las contracciones ya me hacían gritar y mi cara perdía color. Llegó la matrona que me iba a asistir en el parto para examinarme. Antes de nada, tengo que decir que tuve muchísima suerte con ella. Desde el primer momento me cayó bien. Me iban a pasar al paritorio porque estaba de 4 cm.

Fui al paritorio caminando, mientras mi marido recogía las cosas y se ponía la bata y los patucos verdes (muy guapo él). Eran las 12 de la mañana.

img_20160804_120223El paritorio era una habitación grande, con una cama articulada, un gran ventanal que permitía tener luz natural, un baño con ducha, muebles con material médico y una cuna térmica. No era lo más acogedor del mundo pero tampoco parecía un frío quirófano. Me hizo sonreír el pequeño pañal de recién nacido que esperaba a mi bebé.  La matrona me explicó que me iban a monitorizar con telemetría porque habían observado que en las contracciones la frecuencia cardíaca del bebé descendía y querían controlarlo pero que con ella podría moverme libremente. Pensé ya podíais haberme puesto eso antes… Trajeron una pelota de pilates y nos dejaron solos.

Seguimos con la dinámica de paseíto por la habitación, inicio de la contracción, inclinarme sobre la cama, masaje en la espalda y breve descanso.

Respecto a la pelota de pilates no me fue  demasiado útil, aunque había hecho ejercicios preparto con ella y estaba encantada de que me la dejaran. Sentarme en ella y hacer los movimientos no iba mal pero cuando me levantaba para afrontar la contracción de pie… dolor al cuadrado. Pasé de la pelota al tercer intento.

La matrona pasó a ver cómo iba, subió la cama para que estuviera más cómoda, quitó el sonido al aparato de monitorización para que no nos molestara y me dijo lo estás haciendo muy bien. Por favor, matronas del mundo, esa frase tan sencilla las parturientas necesitan oírla. Las pulsaciones del bebé ya se habían normalizado. En 1 hora había dilatado otros 2cm, la cosa iba bien.

Los dolores eran constantes y muy intensos. Otra matrona, que pasó a ver cómo iba, me aconsejó el óxido nitroso, el “gas de la risa”, que se emplea en algunos hospitales como analgésico más suave, lo rechacé. ¿Dolía? Por supuesto que sí, y mucho, pero personalmente no ha sido el peor dolor que haya experimentado (sufrí mucho más cuando pasé por una mastitis infecciosa al mes de lactancia).

Sentí la imperiosa necesidad de empujar. Podía notar la cabecita de mi bebé muy abajo. Le dije a mi marido que avisara ¡ya!. Estaba de 8 cm. Me dijeron que tenía que aguantar, no debía pujar aún ya que al no estar completa la dilatación corría el riesgo de parar el proceso.

Aguantar… fue lo más complicado y duro. Esos 2 cm que me impedían hacer lo que me pedía el cuerpo. Sobrellevar la contracción junto al impulso de apretar suponía un gran esfuerzo mental, además de físico. Francamente, creo que si hubiera pujado en ese momento habría tenido a mi bebé sola. Grité Voy a apretaaaaar Debieron escucharme hasta en los vestíbulos del hospital porque imnediatamente entraron corriendo matrona y  auxiliar. Se arrodilló y me exploró, Empuja cuando quieras, me dijo. Me preguntó si quería quedarme de pie, que podíamos hacerlo en esa posición, pero que si me ponía en la cama la colocarían de forma que estaría sentada, que no me pondrían el potro, sólo apoyaría los pies. Francamente no recuerdo cómo me subí a la cama, transformada en silla gigante, porque estaba totalmente centrada en mi cuerpo.

Pude ver todo el proceso del parto en un espejo grande de cuerpo entero que trajeron. Algo impresionante. Me siento muy afortunada de haberlo vivido de ese modo.

Fue un expulsivo muy físico, lo describiría como algo primitivo. La matrona me recomendó pujar exhalando el aire sin gritar, soltando un jadeo más gutural. Mi marido después me contaba que parecía una vikinga ahí dándolo todo y gruñendo, jajaja, digno de verse. Tanta fuerza empleé que la pierna derecha empezó a temblarme de forma incontrolada. Cuando la cabecita de mi bebé coronó, me indicaron que parara porque me jugaba el desgarro. En el espejo podía ver su coronilla llena de pelitos, la toqué. Bromemos diciendo que le podían sacar tirando de ellos (sí, en medio de un parto puedes bromear y hasta reírte un poco). Aquí sentí lo que se describe como el “aro de fuego, una quemazón intensa, justo cuando el periné está casi al máximo de dilatación y los tejidos no dan mucho más de sí. En ese momento todo se detuvo por un instante, veo a la matrona agachada delante de mí, a mi marido a la izquierda mirando asombrado y emocionado, el espejo vertical mostrándome un espectáculo increíble y mi bebé asomándose al mundo.

El resto fue muy rápido. Pujé con todas mis fuerzas. Noté cómo salía su cabeza por completo, vi cómo rotaba quedando su carita mirando hacia arriba. Me animaron a incorporarme un poco para recibirle con mis manos. No fue necesaria episotomía ni sufrí desgarro.

Bebé Lanuguito nació a las 15 horas, tres horas después de iniciarse el trabajo de parto. Sus pequeños pulmones recién estrenados demostraron la fuerza y potencia que tienen. Le colocaron sobre mi cuerpo, piel con piel. Tan pequeño y frágil. Respetando nuestro deseo, mi marido cortó el cordón cuando dejó de latir.

El alumbramiento de la placenta, el órgano más importante durante todo el embarazo, fue casi inmediato. Era pequeña, por eso después nos dijeron que mi bebé no había crecido apenas en el último mes. 47,5 cm y 2,810 kg. Pequeñito pero perfecto.

newborn-baby-1245793_640Las siguientes dos horas estuvimos los tres juntos a solas para favorecer el inicio de la lactancia. Me sentía llena de energía. Al no tener analgesia me levanté en el mismo paritorio, fui al aseo y hasta me preocupé de que no se quedara ninguna de nuestras bolsas por allí. A punto estuve de agacharme a coger alguna cosa pero me dije quieta mujer, que acabas de parir 🙂

Puedo decir que viví un parto prácticamente perfecto, consciente, respetado, doloroso y agotador pero disfrutado. La culminación de mi embarazo y el inicio de mi maternidad. El momento en el que conocí y abracé al amor de mi vida.

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5 comentarios sobre “Mi parto sin analgesia (parte 2)

  1. Precioso. Me da pena no haber podido vivir la experiencia. Yo después de 15 horas y 8 cm, justo cuando empezaba ese dolor horroroso y esa necesidad imperiosa de empujar, me dijeron que al bebé le estaban cayendo mucho las pulsaciones y podía ser arriesgado seguir intentándolo de forma natural. Siempre pensé que me costaría oír algo así y que me sentiría mal y fracasada, pensé incluso que iba a tener miedo porque a mi ma cesárea me daba más miedo que el parto natural, sin embargo cuando oí la palabra riesgo les dije que a que estaban esperando para abrirme jajajajajaja. Me da pena no haber tenido un parto natural, pero no me arrepiento de nada. Lo intenté todo lo que pude y cuando las cosas se torcieron me dejé ayudar por la medicina que hasta el momento rechacé (ya te decía en el otro post que yo también sin epidural ni nada).

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    1. Yo también tenía mucho más miedo a la posibilidad de una cesárea que al parto vaginal pero, como bien dices, si una madre escucha la palabra riesgo para su hijo todo lo demás deja de importar. Lo más importante es tener a nuestro bebé sano.

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