Familia·Maternidad·Reflexiones

No quiero ser una súper mujer

Las mujeres recibimos a diario multitud de mensajes, ya sea a través de la publicidad, en las redes sociales e incluso de nuestro entorno, que nos instan a ser más competitivas, a desarrollarnos profesionalmente, a mantenernos sanas y jóvenes y al mismo tiempo sostener la vida familiar, ejerciendo de madres y compañeras equilibradas y felices.

Afortunadamente en los últimos cincuenta años hemos ido ganando más peso en la sociedad pero creo que nos hemos dejado llevar en exceso por esa necesidad de demostrar de lo que somos capaces. Todo tiene una causa. Tras siglos de represión nos encontramos en un punto en el que podemos dejarnos ver, en el que hay nombres femeninos destacando en campos hasta hace poco reservados a los hombres como son la política, la ciencia o la cultura.

Sin embargo, en este camino las mujeres no hemos dejado de sacar adelante la organización del hogar, especialmente la crianza de los hijos. Y cuando queremos seguir dando el 100% en estos ámbitos y el 200% a nivel profesional y laboral es cuando se supone que nos convertimos en súper mujeres.

Nuestro rol no ha cambiado, se ha ampliado. Podemos ser importantes ejecutivas, trabajadoras incansables, atletas de élite o cabeza de un partido político pero el rol central de la crianza sigue siendo nuestro. De pronto esa igualdad de oportunidades que veníamos reclamando ha pasado a ser para muchas una carga demasiado pesada porque tenemos que poder con todo.

Conozco a muchas mujeres, entre las que me incluía hasta hace muy poco tiempo, que son incapaces de reconocer que no pueden con todo y no sólo que no pueden sino que probablemente no quieren.

¿Por qué tenemos que ser madres diez, trabajadoras diez, amigas diez, ir cinco días a la semana al gimnasio y mantener una melena al viento radiante, organizar escapadas románticas con nuestra pareja, además de actualizar diariamente nuestras cuentas de Facebook, Twitter e Instagram y que todo quede reflejado en nuestro LinkedIn? ¿Realmente queremos eso? ¿Existe alguna ceremonia de entrega de premios a las súper mujeres del año?

Muchas usamos el hastag de #malasmadres cuando nuestros hijos llevan manchas de zumo de naranja en la ropa (dichoso zumo que no sale con nada), cuando les damos patatas fritas en lugar de una macedonia de frutas o cuando les plantamos delante de la tele para tener cinco minutos de paz mental. Pero si tras esa capa de humor, de reírnos de nosotros mismas, se esconde la culpa deberíamos replantearnos qué estamos haciendo y qué deberíamos dejar a un lado o abandonar definitivamente.

Personalmente he decidido que no quiero ser una súper mujer. Mi hijo es mi prioridad y me importa poco si la empresa no me lleva de cena con los jefes, si voy al gimnasio es porque me gusta hacer deporte pero con camiseta ancha, coleta y cara lavada, llevo el pelo recogido el 95% del tiempo porque valoro la comodidad e integridad de mi cabello (tengo un bebé de 9 meses muy interesado en él) y los sábados por la noche me quedo en casa, en pijama y zapatillas, viendo una película en el sofá junto a Papá Lanuguito. Pero también dedico mucho esfuerzo a nuevos proyectos, pienso con ilusión en el futuro y planeo viajes en familia, cocino, organizo, cuido a los amigos pero con mucha calma. Lo que se llama ahora slow life, que suena más cool pero que es simplemente llevar una vida tranquila. Y oigan, que desde que pienso así resulta que todo fluye mejor y estoy más feliz.

Hace unos días publiqué un post en Instagram y los comentarios recibidos me hicieron reflexionar. Aunque hay muchas mujeres que desean proseguir con su vida profesional somos muchas las que hemos renunciado a esa parcela aunque sea temporalmente, mediante excedencias o reducción de jornada. No quiero decir con esto que aquellas madres que siguen trabajando a jornada completa sean peores pero tampoco creo que sean mejores. No deberíamos catalogar de súper mujeres a aquellas que siguen trabajando 40 horas semanales a pesar de la maternidad. El trabajo de madre es difícil y muchas veces extenuante, es una labor que pasa desapercibida pero fundamental para cualquier sociedad. Deberíamos dar el mismo valor a todas las mujeres, a las que trabajan en casa, a las que trabajan fuera, a las que cuidan a un hijo y a las que cuidan a cinco. Obviamente, todo requiere diferentes grados de esfuerzo pero ninguno es menos válido que el resto. Dejemos de poner el adjetivo de “súper” y llamémonos “mujeres”, que ya es mucho.

 

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