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#stopniñofobia aunque a veces los niños pueden molestar

Hace unos días se armó un revuelo en torno a esta viñeta publicada en Crónicas PSN por el ilustrador Andrés Palomino en la que denunciaba cómo en un restaurante le pusieron trabas por ir con sus dos hijos hasta el punto de tener que marcharse.

Esto ha despertado un movimiento que lleva tiempo activo en las redes sociales y que cada cierto tiempo, a causa de noticias e incidentes como éste, se viraliza, el hastag #niñofobia que probablemente habréis leído en otras publicaciones.

Y como en casi todo en este mundo surgen dos posturas radicalmente opuestas: los que defienden que los niños tienen derecho pleno, como personas (pequeñitas) que son, a entrar y estar en cualquier tipo de establecimiento, y los que dicen “la culpa es de los padres que no educan” o, algunos con cierta vertiente quinqui, “la culpa es de los padres que no dan un cachete a tiempo”.

Desde que soy madre siento mucha más empatía hacia los niños y es que personalmente nunca he sido demasiado niñera, tampoco es que los repudiara, pero reconozco que en más de una ocasión, cuando por ejemplo en un restaurante uno o varios infantes correteaban alrededor de las mesas o un bebé gritaba torcía el morro y pensaba “ya estamos”. Pero cuando eres tú quien empuja el carrito y quien tiene que hacer sssssh o acunar durante la cena entiendes mucho más algunas cosas.

Te das cuenta de que los bebés no lloran porque quieran molestar al resto sino porque: tienen hambre, tienen sueño, se aburren, quieren brazos, tienen calor, tienen frío, vuelven a tener hambre, se han despertado, les molesta la luz, quieren ver mejor lo que hay alrededor y desde la sillita no pueden, y un millón de motivos justificados más.

Los niños son eso, niños, inquietos, sensibles, un tanto asalvajados y por mucho que les digamos “aquí debemos estar tranquilos y en silencio” algún día gritarán, llorarán o reirán demasiado alto y alguien a nuestro alrededor se molestará y pensará “ya estamos”.

Entonces, ¿los niños deberían entrar en cualquier lugar, sea cual sea el momento y el contexto? Bueno, aquí mi opinión, por mucha empatía que sienta hacia el mundo infantil, discrepa. Porque no creo en las prohibiciones y se que TODOS molestamos alguna vez, con un año, doce o cincuenta pero también creo que aunque que los niños sean niños y, por supuesto, no puedan,ni deban, contenerse siempre ni convertirse en robots, hay quien se olvida (quiero pensar que una minoría) de que vivir en sociedad implica respetar algunas normas de convivencia y esas normas deberíamos inculcarlas nosotros, los padres.

Igual que me parece excesivo pedir un cambio de mesa o llamar la atención porque un bebé da dos grititos de alegría – me ha pasado – hay ocasiones en que las cosas se descontrolan y algunos adultos responsables de las criaturas ni se inmutan.

Apelamos a nuestra libertad como padres de ir con nuestros hijos donde queramos pero si hay una frase que tengo grabada es que mi libertad termina cuando empieza la de otro. Nos escandalizamos porque existen negocios en los que no se puede ir con niños: hoteles, restaurantes o cines. Pero cuando observas algunos comportamientos de los cuidadores de los pequeños que, repito, sólo hacen lo que tienen que hacer, entiendes un poco mejor que hayan surgido ese tipo de alternativas. Si todos fuéramos educados y respetuosos transmitiríamos a nuestros hijos esos valores y, aunque pudieran molestar en ocasiones como hacemos todos, creo que casi todo el mundo, salvo esas excepciones de gente que dice odiar a los niños (y odiar es una palabra muy fea y muy fuerte), sería comprensiva y diría lo que más de una vez he escuchado cuando mi bebé ha llorado en un lugar público “tranquila, no pasa nada, es un bebé”.

Pero es que no todos somos educados y respetuosos, no todos tenemos miramientos, no todos planificamos nuestras actividades teniendo en cuenta los horarios de nuestros hijos, no todos les decimos que hay que permanecer tranquilos, no todos entendemos las necesidades de un pequeño y quedamos con los amigos en un parque en lugar de en una cafetería o dejamos las cervezas para otro día. Y como esto es lamentablemente así los padres que sí hacemos todo eso tenemos que escuchar que mejor vayamos a otro sitio o que nos sienten en la zona oscura del restaurante para no molestar.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que la niñofobia es una reacción excesiva y que algunas afirmaciones no son justificables, que no debería haber exclusión por ir con un bebé o niño pequeño, que prohibir no es positivo, que los padres no tenemos la culpa. Pero también que si existen alternativas de ocio sin niños no deberíamos echarnos las manos a la cabeza y llamarlas aberraciones porque no dejan de ser eso, alternativas. Otra cosa es que ahora todos los hoteles del país pusieran un cartel de prohibido niños en la puerta, antes eso me uniría a las protestas colectivas de padres, pero es que tenemos miles de opciones de vacaciones en familia, hoteles con animación infantil y piscinas para niños, así que entiendo, que exista una oferta para aquellas parejas que desean tener un fin de semana tranquilo, parejas que muchas veces tienen niños y precisamente lo que necesitan es alejarse de ese mundo maravilloso pero agotador de carreras, gritos, llantos, risas y juegos.

Si mi libertad es ir con mi hijo donde yo vaya pero interfiere en la libertad de otra persona, por ejemplo si comienza a llorar o gritar, es mi responsabilidad ser consciente de que yo soy la que ha de actuar, la que puede pedir a mi hijo que esté tranquilo y cogerle en brazos o, en última instancia, recoger los bártulos y buscar un espacio mejor. Con mucha probabilidad ese otro me dirá que no me preocupe, que es un niño, y hasta le dedicará una sonrisa. Y si no lo hace, pues nada, no todo el mundo está deseando pasar un ratito con mi niño, por muy maravilloso y estupendo que sea.

Este post participa en el Carnaval de post: A vueltas con #stopniñofobia de Madresfera. Sigue este enlace y podrás leer un montón de post estupendos sobre este tema 🙂

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8 comentarios sobre “#stopniñofobia aunque a veces los niños pueden molestar

    1. Es que muchos de los conflictos que se dan son precisamente por esa incapacidad para convivir, entender y respetar al otro. Hay siempre tanta mala intención, tanto cabreo contenido que al final acaban pagando los que menos responsabilidad tienen. Vive y deja vivir.

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